domingo, 16 de junio de 2013

Día 1611. Domingo de domingas.

Algunos iluminados ya vaticinaban que este año no habría verano. Se supone que los mismos adivinos que decían que según los Mayas el mundo se acabó en diciembre pasado, y que empezaron su carrera con el caos del año 2000.

Pues si no hay verano, lo de hoy habrá sido una putada de Dior, porque el cielo se caía a trozos. Así que hemos decidido Lucía ha decidido que tocaba estrenar la playa este año.

¡Ay! la playa, qué bonita manía del ser humano, mayoritariamente femenino, que es pensar en ella y verse ya morenas como la Halle Berry. A ver, chicas, que ella venía así de serie !

Ha sido el primer domingo de caravana para llegar. Parece que no hemos sido los únicos que hemos decidido hacer esa bonita excursión.

El primer domingo de dar vueltas buscando aparcamiento, hasta dejarlo en el peor de los sitios, haciendo 100 metros de andar a espaldas a ver si con suerte la grúa aparece antes de perderlo de vista, y nos da tiempo de salvar la multa y el "aparcamiento" en sitio seguro, gentileza del excelentísimo ayuntamiento.

El primer domingo de llegar a la arena y jugar a ese tetris gigantesco que consiste en encontrar hueco para poner las toallas sin que toquen la sombra de la sombrilla de encaje y seda del vecino.

De quitarse las chanclas para no levantar arena con ellas. Del primer KKK (kuñu komo kema) y de poner los pies encima de la toalla inmediatamente después de extenderlas, dejando la marca arenosa de ambos en el centro. Del primer "imbécil, hazlo en la tuya".

Del primer intento del año de oír las olas de mar, para lo que hay que acercarse hasta mojarse los pies, si no quieres que el ruido de niños, padres gritando a niños, madres gritando a padres y niños gritando a madres (cerrando el círculo) te lo impida.

Del primer KKF (kuñu ke fría) en el que decides que el baño inaugural de temporada se cancela una semana más.

Del primer domingo de domingas a cascoporro, que te alegran la vista cual Sodoma y "Gomera", después de un año sin ver tanta teta junta (y algunas separadas), para lo cual aconsejo que no te quites las gafas de sol hasta pasado ese primer shock.

De la primera cola en el chiringuito y del intento (fallido) de que no se te cuelen los niños que vienen corriendo a por un Calipo. De la primera cara de tonto que se te queda cuando te dicen que dos refrescos y unas patatas (con más aire que patata) valen 7 euros.

De esos niños que tienen la puta manía de correr, pasando a menos cinco centímetros de tu toalla, hasta su familia, de la cual te acuerdas con cariño cuando, sin dejar de sonreír, dices "niñi, mi kigui in ti pidri".

De recoger la toalla, intentando, sin conseguirlo, que ningún grano de arena llegue a la señora de al lado que te está mirando amenazante.

De ponerte la camiseta con cara de asco cuando se te pega a la piel.

De hacer el camino de vuelta al coche, sin cara de ilusión. Vamos, como llegaste, pero esta vez compartido con tu señora, como si tú hubieras traído esas nubes con una cuerda.

De entrar en el coche, ahora reconvertido en microondas.

De llegar a casa y al ducharte darte cuenta que no te has puesto crema protectora en toda la barriga.

Y de estar toda la tarde con dolor de cabeza por insolación.

¡Bendito verano! ¡Ah, no, que este año no hay !

¡Listossss!




lunes, 10 de junio de 2013

Día 1605. Jiuston: ¿tenemos un problema?

Ayer hizo un día de esos de ahora me quemo, ahora me mojo, de no saber si ponerte en manga corta o coger la rebequita.

Aprovechando que a la hora del vermut tocaba sol, sacamos a Pumba para, de paso, hacer el honor a esa hora, kicir la del vermut.

Lo bajamos al río, que a la altura de donde vivo es un largo campo de césped, que al peque le encanta. Y a nosotros verlo encantado.

Después de un rato de hierba (de césped, aclaro) subimos a la altura de los bares vermuteros. A Lucía no le gustó el primero que encontramos, sino el cuarto o quinto. En este primero, donde las tapas no estaban mal y ya habíamos probado, toda la terraza estaba cubierta de sombrillas. El que escogimos (escogió) no.

Lucía dijo que luego volveríamos por el mismo camino, que Pumba se lo pasaba bien corriendo por el río.

Le respondí: "¿Ves esas nubes de ahí? Son de lluvia. Si cierras un ojo y tomas un punto de referencia, verás que se están acercando. Dentro de un rato nos mojaremos, y a ver qué hacemos. Espero que nos dejen entrar con Pumba".

Me replicó: "Anda ya, cenizo, que están lejos"

Empezó a diluviar a la altura de las patatas bravas, pero nos dejaron poner en la primera mesa de dentro. Tuvimos que esperar a que amainara, y volvimos a casa con la amenaza en el cielo de mojarnos por el camino.

Luego te explico por qué cuento eso.




Voy por la mitad de "Inferno", el último libro de Dan Brown, que como he dicho aquí otras veces, es un autor que me entretiene.

Me llama la curiosidad los temas (catastrofistas) que aborda, aunque él los magnifique para hacer lo propio con las ventas del libro.

El de este capítulo de las aventuras de Robert Langdon es la superpoblación.

La base del libro es que sobra gente a cascoporro en este nuestro planeta, que en un breve periodo de tiempo (antes de fin de siglo) no quedaran peces en los mares ni lentejas en el Mercadona y que el malo malísimo, creyendo hacer lo mejor para todos, quiere cargarse a la mitad por lo menos.

Gugleando por internete sobre superpoblación, hay opiniones para todos los gustos.

Unos dicen que es un mito exagerado, otros que nos quedan tres telediarios y otros que a vivir que son dos días, o sea Carpe Diem (el día de la Carpa).

Yo, como siempre he sido cenizo, soy de prevenir antes que curar, y de no tomármelo a broma.

Si bien aquí no se notan los síntomas (el Mercadona tiene lentejas de sobras) en otros países basta mirar los empujones en el metro, o los atascos kilométricos de tráfico.

¿Y qué hay que hacer para remediarlo? Pues ni idea.

Dan Brown creo que lo resuelve con algún virus (no he llegado aún), una solución que creo que hace tiempo que ya está en marcha. Me cuesta creer que se tarde tanto en encontrar la vacuna del cáncer (dicen algunos mitos que hace un siglo que se conoce pero no sale a la luz) o que el sida apareciera por casualidad, igual que otras enfermedades víricas.

Para no ser tan cruel, yo tomaría medidas a la española, para que no sufra nadie.

¿Que queremos que nazcan menos criaturas? Muy fácil. Pon en la parrilla más programas de "Hermano Mayor" donde verás lo que será tu adolescente cuando crezca. O pon programas llenos de niños que saltan y gritan. Y que el audio esté bien altito. Se le quitan las ganas a cualquier pareja de fo... fomentar la natalidad.

Y si no nace gente, ¿qué hacemos con tanto viejo? Pues nada, eso ya lo hace muy bien nuestro gobierno, recorta las pensiones más e irán cayendo como moscas.

El caso es que, poca broma, el problema está ahí, pero aún nos suena lejano, como Lucía con las nubes de lluvia. O sea que somos más de "cuando venga el problema ya lo resolveremos" que de prevención.

Y como el tema es a la larga, ya lo resolverán las próximas generaciones.

Y mientras tanto, las "próximas generaciones", viven preocupadiiiiiisimos por ello, entre botellones y whatsapps.

Estamos aviaos.





domingo, 2 de junio de 2013

Día 1597. De niña a mujer. De niño a hombre.

Acudíamos el viernes a la fiesta de graduación de bachiller de mi sobrino.

Hacía años que no íbamos a un evento en que el sobri subía al estrado. Si no recuerdo mal, en el último bailaba él con otra peque el "fruta fresca" de Carlos Vives.

Nos divertimos mucho entonces cuando llegaba el "sí, sí, sí, que este amor es tan profundo, que tú eres mi consentida, y que lo sepa todo el mundo", con los dos críos acompasando la coreografía.

En aquella fiesta era raro el padre que no tenía una cámara en la mano, inmortalizando lo que sabía que no iba a durar mucho.

Hoy habían menos cámaras, e incluso, aunque la sala de actos estaba llena, muchos de los padres ni se molestaron en estar pendientes del hijo, así como muchos hijos ni sabían donde estaban ubicados sus padres.

Los niños se han hecho hombres, las niñas, mujeres.

Aquel necesitar a los padres se ha convertido en un necesitar a los amigos. Ley de vida.

El apego de la infancia se va convirtiendo en un despegue, del verbo pegar y del verbo despegar.

Empiezan en esta etapa, como nosotros hicimos, el verdadero cambio.

Los 18 es la frontera entre la dependencia y la independencia, como así marca la ley. Ahora son libres, pero sólo lo usarán según sus intereses.

Es la edad donde experimentan demasiado. La del despertar (o más bien acostar) sexual. La del alcohol y la risa tonta. La de los problemas y la inquietud de los padres. La del "dónde me tatúo" y el "qué me pongo". La del "déjame" y el "qué sabrás tú". La del estar más pendiente del espejo que de la familia.

También es la de decidir el futuro. Sabes que la universidad te abrirá más puertas, pero no sabes realmente a qué puertas quieres llamar. Sabes que has de sacrificarte, pero de lo que tienes ganas es de divertirte.

Nos pasaron un montaje fotográfico donde se veía a esos "niños mayores" primero en una foto de pequeño y luego una actual.

Ahí no sólo se veía la diferencia física evidente, sino también el estilo propio sin la influencia paternal.

Intenté empaparme de las distintas situaciones en que se hicieron esas fotos, como intentando teletransportarme al momento, a ese instante infantil donde el padre le dice "ponte ahí que te hago una foto, verás que chuli" y al juvenil donde lo más probable es que la foto la haga un amigo, con quien tiene más afinidad y donde hay menos tensión.

Es como una evolución desde la felicidad de los mundos de Yupi a la difícil realidad. Una evolución natural que forma parte del guión del ser (y estar) vivo.

Busqué en esa observación personal algo que no hubiera cambiado en ninguno de ellos, a pesar de todo.

Y lo encontré:

La mirada*



* El globo ocular apenas habrá crecido unos milímetros


domingo, 26 de mayo de 2013

Día 1590. Sábado Pumbero

El yayo le ha traído a la yaya a la cama, como cada mañana, un vaso con una cosa naranja, y la ha despertado. A mí también. Pero nos deja dormir un poquito más.

Y oigo que él se mete en el cuarto ese que cae agua y te mojas. A mí me meten algunas veces. Me gusta porque el agua está calentita, pero no me gusta que se me meta en los ojos eso que me echan y hace burbujas.

Mientras está ahí, me voy a la cama de mi amo, porque así duermo un poquito más. Me gusta mucho dormir.

Luego viene a despertarme el yayo, me rasca la barriga y yo estiro los brazos fuerte fuerte. No sé porqué lo hago, pero lo hago siempre que me despiertan. Me dice "venga chiquitajo, que tienes que hacer pipi". Yo no tengo ganas de salir, pero sí es verdad que tengo mucho pipi. Y caca.

Hoy me saca el yayo. Los días esos que me dejan más rato solito, me saca la yaya porque el yayo se va antes. A mi me gustan más estos días como hoy porque no estoy tanto tiempo solito, porque me aburro y duermo mucho.

Al subir a casa de la calle, los yayos se van. Pero mi yaya me dice que no me enfade, que ahora viene el yayo. Yo me voy a la cama de mi amo y duermo otro poquito.

Luego viene el yayo sin la yaya. Y se pone a mirar ese cuadro con luz, y a mover los dedos en una cosa con letras. A veces me sube en la mesa y yo hago como él, pero le doy a muchas letras a la vez. Al yayo le hace risa, pero me baja de la mesa para que no lo haga más.

Cuando tengo hambre voy a decírselo al yayo, que sigue mirando el cuadro con luz, y le tengo que rascar en la pierna, porque no me ha oído las pisadas. A veces, cuando me aburro, le traigo juguetes y se los dejo en los pies, pero no se da cuenta. Tengo muchos juguetes, y los días esos que estoy tanto rato solito y me aburro, me gusta dejarlos por toda la casa, pero luego no los encuentro.

El yayo me tira la pelota, y yo corro mucho mucho a por ella. El suelo resbala mucho porque la yaya le echa con un palo una cosa para que brille mucho y me resbale mucho. También tengo una gallina que me compró mi yaya, que la muerdo y hace ruido y una ardilla que me regaló mi tita de Madrid y es mi juguete favorito.

Tenía otros juguetes pero me los quitaron porque le hacía un agujerito y me comía lo de dentro, que me gusta mucho. A la ardilla también se lo hice pero no me vieron los yayos ni el amo y no me la quitaron.

Cuando se despierta mi amo jugamos en la cama. Me gusta dar vueltas cuando me dice cosas, porque estoy contento, hoy no me aburro tanto. Luego cuando come una cosa rosa y finita que me gusta mucho, le pido y me da.

Luego el yayo se va y viene con la yaya y bolsas grandes con cosas. A mí me gusta como huelen y meto la nariz en todas, y la yaya me regaña y le dice al yayo que me saque a la calle. Me gusta mucho salir a la calle, porque me gusta mucho oler los árboles y unos palos altos que no son árboles pero que huelen a pipi también.

Luego en casa me ponen de comer. Si me ponen esas bolitas marrones sin nada, no me gusta. Cuando me ponen cosas encima sí.

Después de comer los yayos dormimos todos un ratito en el sofá. A mí me gusta mucho, porque me gusta mucho dormir, pero después abren todas las ventanas y lo limpian todo y a mí no me gusta porque me aburro y no me hacen caso un buen rato.

Luego salgo a la calle otra vez, todavía es de día. Otras veces es de noche y hace más frio, pero ahora se está bien y los yayos se sientan en un sitio con más gente sentada, y beben y me dan cositas de comer, aunque algunas no me gustan.

Luego vamos a casa y comen y beben más. A mí me gusta porque cuando acaban, el yayo me da un poquito de pera que me gusta mucho. Cuando me dice "¿comemos pera?" me pongo muy contento y voy corriendo a la cocina, y me resbalo porque corro mucho.

Después de comer se tumban en el sofá a ver una caja con luz muy grande pero sin cosa de letras como la del yayo. Yo le llevo mi ardilla al yayo y se la pongo en los pies porque me gusta que me la esconda y me la tire, y yo corro mucho a por ella, y me resbalo. Cuando me canso de jugar con la ardilla voy a por la pelota, y los yayos dicen "ahora traerá la pelota", porque siempre hago lo mismo.

Hoy la yaya me ha dicho "ve a por la gallina" y el yayo ha dicho "nena, es un perro, no sabe lo que es la gallina, porque nunca la ha traído". Pero yo sí se lo que es la gallina y la he traído.

Y se han reído mucho y luego cuando ha venido mi amo se lo han contado y se han reído mucho todos.

Y yo no sé qué he hecho para que se rían, solo me ha dicho que traiga la gallina y la he traído ¿no?

¡ Que yo oigo bien, el que no oye bien es mi yayo !






jueves, 23 de mayo de 2013

Día 1587. Solo.

Te echaré de menos, pero he de olvidarte por mi bien.

Renunciaré a tu calor en mis labios, a tu dulce sabor.

Hemos vivido muchos pequeños momentos juntos y tú siempre has estado ahí, paciente, esperando mi boca.

Pero ahora las cosas han cambiado y tenerte me hace daño. Y lo que ahora es un dolor leve, con el tiempo va a más. Y no puede ser.

Romperemos esta angustiosa relación poco a poco, sin traumas.

No pienso dejarte de golpe, no quiero tener mono. Y si lo tengo, iré a por ti.

Las noches no serán iguales, pero necesito dormir, y contigo es difícil descansar.

Y por las mañanas te deseo con desesperación, sé que me costará dejar ese "buenos días".

El resto del día es más fácil resistirme a ti, aunque vengas a mis pensamientos con frecuencia.

Pero tengo que hacerlo, y hacerlo por mí.

Tengo que dejarte.

Lo siento, café.

sábado, 18 de mayo de 2013

Día 1583. Entren sin llamar.

Durante un día laborable, desde que salgo de casa hasta la agencia, y viceversa, puedo cruzarme con miles de personas. Con miles de historias, todas distintas. Con cientos de alegrías. Con cientos de dificultades y problemas. Con cientos de dramas. Con cientos de secretos. Con cientos de dramas en secreto.

Nos es más fácil contar lo divertido que lo triste, como si las desgracias nos hicieran ser más pequeños, ser menos persona.

Historias con final infeliz, sin perdices, duras e injustas, que nunca saldrán a la luz.

Algunas narraciones inventadas pueden darnos una idea de que existen en realidad.

La semana pasada me leí un libro en dos días. Uno de esos libros que te llegan al alma y juegan con ella a hacerle cosquillas. Me emocioné al final, pero no lloré. Simplemente porque no tengo lágrimas, pero me dejaron resaca sentimental.

Hoy me lo he comprado, porque los libros que me dejan poso me los compro después de leerlos, como necesitando de su compañía, como recordando esa experiencia que viví durante su lectura.



Es ficticia, porque como digo estos dramas son granos de arena en una playa para el resto de los mortales, pero una roca en un cenicero para los protagonistas.

Recientemente Angelina Jolie hizo público que se hacía una mastectomía doble, para prevenir un cáncer. Me parece bien que lo haga público. Las voces más críticas dirán que quedará igual o mejor, que tiene dinero para ello. Y se quedarán en eso.

Yo veo una ayuda respetable a muchas mujeres en situación similar. Seguramente un empujón a tomar una decisión a muchas de ellas.

Otros famosos han querido contar su drama. Algunos han sacado tajada de ello. Me da igual. La persona a la que de verdad influyen no mira eso.

En cierto modo eso es lo que hacemos aquí, eso es lo que justifica este blog, contar nuestros problemas. Y nuestras risas, también, para no hacerlo tan dramático todo.

Seguro que echamos una mano a muchos de esos transparentes que nos leen, que podemos influir en decisiones, hacia un lado u otro de la balanza.

Lo sé porque me llegan agradecimientos de los más atrevidos. O por boca de algún comentaka al que se lo han contado.

La mayoría nunca comentarán aquí, y lo entiendo. Cada uno somos diferentes.

Pero si eres de aquellos que solo te falta un empujoncito para hacerlo, este post es para eso.

Para que sepas que con lo que digas puedes ayudar a alguien.

Algunos me decís que queréis comentar, que qué hay que hacer. No hay que registrarse ni nada parecido, simplemente escribir lo que quieras en los comentarios. Si tienes dudas, tienes un tutorial aquí a la derecha.

Piensa en los demás. Te espero "dentro".




lunes, 13 de mayo de 2013

Día 1578. Comunicando (3)

Esta mañana confirmé en un exhaustivo estudio en el transporte público basado en el análisis de los humanoides parlanto-escuchantes lo que ya suponía: el sexo opuesto (opuesto al mío, kicir) se comunica por losojo más que el masculino.

Y dirás: ¿se te había acabado la batería del iPad?
Y diré: Cómo me conoces, cjnes cáspitas

Bueno, pues sí, me aburría y tenía la opción A de ir mirando como se van encendiendo los pilotitos de las diferentes estaciones coincidiendo con el paso del convoy por ellas (dile casualidá) o B de profundizar en mi cátedra de comunicación.

He concluido que los hombres (generalizo, naturalmente hay excepciones) tenemos prejuicios a la hora de mirar al prójimo mientras hablamos y si es prójima lo que menos miramos son los ojosCLOOONC.

Tal vez el motivo sea esa tendencia innata (sin fresas) de huir de todo lo que pueda ser sospechoso de pérdida de hombría. Y quedarse mirando a los ojos del contrario, lo es, aunque cada vez menos. A mí, por ejemplo, me gusta darle abrazos a mis amigos, e incluso besos (a tornillo no, aclaro), aunque ya sabes que escuchaba a Abba de adolescente...

Las mujeres carecen de ese miedo escénico, que unido a que saben escuchar mejor que nosotros hacen que no se pierdan detalle de la conversación. En defensa de mi sexo (me refiero a mi género, no a mi p... bueno, eso) diré que son cíclicas y repiten lo mismo una y otra vez. Lo sé, me estoy metiendo en camisa de once varas, pero hoy estoy polemista, algo se me pegó de estar cerca del Sandoval (y espero que sólo sea esto).

Conozco un par de tres casos masculinos que incluso cierran los ojos al hablar, uno de ellos, Jordi Pujol (famoso protagonista de El retorno del Jedi). No deja de ser curioso ese tic, en el que puedes hacerle burla mientras va hablando sin que se entere, o incluso él echarse una cabezadita entre párrafo y párrafo. No lo he visto en mujeres.

Los gestos, como dicen muchos estudios (y eso nos beneficia a los sordatas) son la mayor parte de la conversación.

Eso no quiere decir que entendiendo los gestos podamos pillar más de la mitad de las palabras, sino la esencia de la conversación, lo que realmente permanece en nuestra memoria.

El no oír, como ya he dicho poráki, agudiza ese octavo sentido (sexto más el 20% de iva) y podemos ser capaces de responder con nuestra propia y acertada expresión, sin haber entendido las palabras que nos han dicho. Y cuela, doy fe. Es lo que mejor he aprendido en estos 4 años y medio de cocleata.

También está la psicología de, reconociendo un par de palabras importantes, y habiendo tenido conversaciones previas sobre ese tema o similar con esa persona, engranar cual mecanismo de reloj la mayor parte de lo que se nos intenta comunicar.

A mí me pasa mucho con temas técnicos y de cacharrería electrónica, ahí me siento como pez en el agua (o en el horno, depende) y casi no me hace falta ni mp7.

Con mi querido estilista Ferran tenía el otro día una charla de teles, receptores satélite y demás trastos que podía seguir bastante bien a pesar de tenerlo detrás. Cortándome el pelo, claro. Y luego, pues conversaciones de esas sin más misión que pasar el rato, como por ejemplo que los jóvenes han de aprender chino más que inglés para tener futuro, o que si vaya cachondeito con el LAPAO.

Y yo, que soy de unir conceptos, salí de su peluquería tocándome el cráneo y pensando:
"Hay que vel, el Felán, como me ha LAPAO".


PS: El 3 del título es porque es el tercer post que llamo "comunicando". Culpa de las musas.

martes, 7 de mayo de 2013

Día 1572. No hay derecho.

Esta mañana tocaba audiometría.

Entré al hospital Trias i Pujol, alias "Can Ruti" por la puerta de maternidad, que está en el lado opuesto de la entrada principal y de la consulta del otorrino (como puedas), o sea que hay que andar un laaaargo pasillo hasta la meta.

Empecé a oír algo como el tracatrá rítmico de un carrito de esos de transportista. Conforme me iba (un impuesto) acercando el tracatrá se iba haciendo mayor, demasiado para ser un carrito.

Mi cabeza lo convirtió en algo así como unos tambores musicales, y no iba desencaminado. Al llegar al "jol" me encontré con esto:


Una cacerolada, o pitada o palmeada o cacharritada. Una manifestación protestante. Kicir de gente que protesta.

La crucé desde la puerta que se ve a la derecha y subí por las escaleras de la izquierda. El ruido era atronador, aunque el mp7 no deja que llegue a insoportable.

Mientras esperaba mi turno en la consulta, mandé la foto a Abel, para preguntarle si sabía cuanto duraba esto. Me dijo que una hora. Una hora de cada día.

Tenía delante, esperando ser llamados, varias personas mayores con una expresión de que les iba a explotar la cabeza del ruido.

Naturalmente, esos trabajadores tienen derecho a reclamar sus derechos. Pero me pregunto: ¿no hay otra forma? Entiendo que es una solución extrema, que ya han hecho lo habido y por haber y no tienen otro remedio para luchar contra los recortes y la futura privatización. Y seguramente debo callarme porque están luchando por algo que me incumbe (aunque a ellos más), cada día, mientras yo no hago nada.

Pero ... ¿una cacerolada en el hall? ¿Y el respeto a los enfermos y ancianos que no soportan ese ruido? ¿No habíamos quedado en que en un hospital y alrededores no podías ni tocar el cláxon del coche?

Me gustan más esas manifestaciones delante de las casas de políticos, que ahora se llaman "escraches" (aunque los vecinos tampoco tienen la culpa), que el gobierno intenta cargarse por la vía rápida. Estas sí, claro.

La diferencia fundamental es que la mayoría de estos protestantes lo hacen porque no tienen empleo. Y muchos no tienen porque no se genera empleo, y el poco que se genera, mal pagado.

Porque ahí es donde tienen la sartén por el mango los empresarios.

Como hay cientos de veces más demanda que oferta, saben que pueden abusar, que pueden explotar al "currela" y si se queja, a la calle, y a buscar otro, que no faltan. Y con currículums intachables. Y con másters. Aunque sea para servir cervezas.

Y peor si la empresa es pequeña, donde no hay sindicatos (como mucho alguien mejor informado).

Imagínate que eres alguien que ronda los 50. Lo más normal es que tengas una hipoteca por pagar, y unos gastos que cumplir. Tienes un sueldo normal desde hace más de 10 años. ¿Te atreves a pedir un aumento de sueldo? Seguramente no, porque para tu puesto hay jóvenes con más formación, y que además trabajan más rápido.

Une a esto que tengas una minusvalía. Todavía te costará más encontrar otro trabajo, así que te callas.

Súmale que para la empresa, como minusválido, ya no eres rentable, ya que hace más de dos años que por los recortes el estado no paga las bonificaciones respectivas (9.000 euros el primer año, casi 6.000 el resto).

Y ante esto ¿qué haces? Ajo y agua (ajoerte y aguantarte), cual chino recién llegado.

Cualquier parecido con la realidad, es puta coincidencia.

PS: La audiometría tonal, bien. La verbal, mal. Que le suelten a alguien que sepa poco inglés palabras sueltas inconexas y conjugaciones verbales, a ver cuantas aciertan, lissstossss.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Día 1566. Abbando claro

Recuerdo de mi adolescencia, allá por 8º de EGB, a mi compañero de pupitre, el Loren (en esa época te conoces por los apellidos).

Vivía cerca de casa, así que no era raro que él viniera a la mía o viceversa. De la suya recuerdo a su padre, siempre fumando en pipa, leyendo un libro o poniendo música clásica en un enorme aparato estéreo (cuando la palabra estéreo era sinónimo de alta fidelidad), de aquellos que ocupaban un mueble entero y tenían su rinconcito destacado junto a un sillón.

De vez en cuando cambiaba la música clásica por un grupo sueco de dos parejas enfundadas en monos horteras que hacía furor entonces: Abba.

Supongo que de tanto escucharlos, me gustaron y me hice fan. Me compré algún disco que ponía en mi destartalado tocadiscos y luego alguna cinta, y después algún CD, cuando ya eran los grandes éxitos de Abba, "Abba Gold". Me sabía todas sus canciones.

Ayer tarde estaba retocando una programación de una página web de un grupo de cines y teatros barcelonés, concretamente de la sección de ofertas.

Justo en ese momento entró una oferta nueva, 50 entradas gratis para ver el musical Abba. No me lo pensé y solicité dos entradas. Estas ofertas duran escasos minutos. Intenté sacar dos más y ya se habían acabado. Así que Lucía y yo salíamos del parking cercano camino al teatro a las 8:55, lo que sería justín (un cantante juvenil).

Es ese trayecto llevábamos delante al famoso y amaneradísimo Víctor Sandoval (un habitual de Sálvame) y amigos que se dirigían también al espectáculo. Eso me hizo recapacitar de si realmente mis gustos musicales adolescentes iban bien encaminados. Y lo que es peor, si el padre de Loren tenía un oscuro pasado o doble personalidad. Dejémoslo así.

En la puerta se agolpaba la gente, y algunos le pedían al Sandoval una foto. Lucía no me dejó hacer una gamberrada clásica: pedirle una foto y cuando aceptara, darle el móvil para que nos la hiciera él a Lucía y a mí. Lástima. Estaban también por allí los famosos (en decadencia) Chiqui Martí, Lucrecia y Regina Do Santos.

Encima nuestro, en el cartel promocional, destacaba "con la mágica voz de Rebeca".


¿Y quien es Rebeca? Pues Rebeca es una "famosa" "cantante" teutona (no, no es alemana, lo digo por lo que enseña sus teutas) con un currículum envidiable, como 500.000 copias vendidas de su éxito "Duro de pelar", hace... 17 años !!! y hasta la fecha se ha mantenido, a parte de por los derechos de autor, con los ingresos de una portada de Interviu y/o un romance con Fran Rivera.

Esta pasada navidad protagonizó el spot de las tiendas de auto Aurgi, con gran éxito en las redes (llegó a ser trending topic). Ya se sabe que en publicidad funciona tanto lo bueno como lo cutre, en este caso lo segundo como puedes comprobar aquí:



Estábamos en tercera fila. A la chica de taquilla le dije si podía ponerme cerca de los altavoces. Y cumplió. Vaya si cumplió. Esta era la visión desde nuestra localidad.


Reconocí las músicas de fondo previas: Bob Marley. La cosa prometía orejilmente.

En el folleto del "chou" decía que las canciones serían "I Have A Dream, Dancing Queen, Knowing Me, Knowing You, Take A Chance On Me, Mamma Mia, Lay All Your Love On Me, Super Trouper, The Winner Takes It All, Money, S.O.S., Chiquitita, Fernando, Voulez-Vous, Gimme! , Does Your Mother Know, One Of Us, Thank You For The Music, Waterloo".

O sea, lo que viene a ser un copy paste del Abba Gold.

Empezaron con "I have a dream", en solitario la que haría de Agneth, la rubia modosita de Abba. Lo de modosita lo clavó. Con un vestido que no le favorecía, sacado de dama de honor de boda cutre y movimientos mecánicos y escasos, cantó bien (según Lucía).

Ahí entendí que esta chica pondría la voz, y Rebeca pondría las tet... la imagen.

Lo confirmé en la siguiente canción "Dancing Queen", donde salió Rebeca con un atuendo totalmente diferente a la otra chica.

Una rebeca es un jersey con botones, abierto por delante. Pues ella hizo honor a su nombre: muy abierto. Vamos que casi se le veía la cicatriz de la operación de apendicitis. De eso se trataba, ella era el gancho y la "artista".

Le acompañaban en esta canción las dos B del grupo, los dos chicos. Uno con movimientos que me recordaron a Sandoval (le debió encantar). El otro con pelo de punta y ceja levantada como diciendo "qué guapo soy". Y cuando alguien va de guapo, debería, al menos, serlo un poco. Apunta Rebeca.

Detrás, 4 parejas de bailarines, más o menos acompasados (predominando lo segundo).

Estar en tercera fila tiene sus inconvenientes escénicos, ves demasiado. Por ejemplo, al girar los vaporosos vestidos de las bailarinas, le ves la parte de arriba de los pantys subida hasta los sobacos, lo que tiene poco de glamuroso. Tampoco se te contagia el calor del público, ya que delante no tienes a nadie.

El folleto decía "musicos en vivo, más de 20 artistas en el escenario". Yo conté 17, incluyendo los músicos !

No había texto, o sea no hablaban como en "Mamma Mia" (esto si que es agravio comparativo). Era un "concierto", por llamarlo de alguna forma.

Las voces no empastaban (que era lo que me encantaba de Abba, que rima), no había complicidad entre ellos, cada uno actuaba por libre, sobre todo Rebeca (vi varias veces que su compañero cantante o un bailarín le tendía la mano y se quedaba con ella en el aire).

El vídeo de fondo, único recurso escénico, parecía un powerpoint de un alumno de ESO, con imágenes sacadas de Google (y pixeladas).

Y al final, la mascletá: después de un videoclip de fondo de "Thank You For The Music" de los Abba de verdad, con lo que se supone que ganaron tiempo para cambiarse, salieron con los monos típicos del grupo.

Al killo le sobraban dos tallas, o le faltaba cuerpo. Me acordé de aquellos circos que anunciaban la actuación de Sandokán a bombo y platillo y luego salía a la pista un guiri canijo con un traje grande y barba postiza.

- ¿Pero tú eres Sandokan?
- Buenou, mi haber estadou malitou, muy malitou...

A la modosita también le sobraba tela, al amanerado... bueno recuerdo a Falete mejor vestido. Y a Rebeca tan estrecho que se le podían leer los labios, y no estoy hablando de la boca.

Los cuatro juntos era una mezcla entre los teletubbies y los power rangers.

Sólo les faltó decir "comostan ustedeeeees".

Y después de destrozarme el cancionero de Abba, y tirarme por tierra mis recuerdos de adolescencia, encima dos bises. Una de dos, o aparte de mí habían más sordos, o todos eran amigos de Rebeca. En fin, Dios da turrón a quien no tiene dientes. O algo así.

Al menos era gratis, y pasamos el rato (a Lucía "no le desagradó", una expresión que equivaldría a aprobado justo).


Y orejilmente, aunque se me perdían instrumentos, me costaba reconocer si era versión en inglés o español y no entendía apenas lo que decían, pude reconocer todas las canciones, incluso aquellas que por el título no recordaba.

Rebecas y teletubbies aparte, la experiencia fue satisfactoria y repetiré con la próxima oferta que consiga.

Y aquí te lo iré contando, para regocijo del Sordisas.

domingo, 28 de abril de 2013

Día 1563. Japi verdi tu mi

Ayer hizo 48 años que poblé la tierra con esta funda. Por cierto, tarada.

48 años que no los cambio por cumplir 8 veces los 6 años. Por aquel entonces aspiraba a algo más que la tabla del 2.

Ni por 4 veces los 12, con esa transición de niño a menos niño. Que nunca he concluido, por cierto.

Ni por 3 veces los 16, cuando intentaba entender a las chicas. Y eso tampoco lo he concluidoCLOOONCtuxuru.

Ni por 2 veces los 24, cuando tenía muchas ganas de volar pero poca experiencia para no darme un guarrazo.

Me quedo, pues con un año más. O un año menos.

Un año menos de crisis, si es que realmente tiene fin.

Un año más de entrenamiento orejil emepesietado.

Un año menos de trabajo y esfuerzo.

Un año más, conservando el puesto de trabajo.

Un año menos para el boom de las células madre y otros avances médicos.

Un año más sin pasar dificultades, que en estos tiempos ya es de agradecer a quien corresponda por ahí arriba.

Un año menos de hipoteca.

Un año más disfrutando de Pumba.

Un año menos para tener una fortuna.

Un año más afortunado de seguir con el blog.

Un año menos para llegar a los 100.

Y un año más que pienso aprovechar antes de los 100.



Muchísimas gracias a todos !!!!!!!!

Barcelona Beach
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